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España-Bélgica: Una herida abierta en México 86

España-Bélgica: Una herida abierta en México 86

El fútbol moderno avanza a velocidad de vértigo, pero hay días marcados en el calendario que nos obligan a detenernos y mirar hacia el pasado. La cita de hoy en el Mundial de 2026 entre España y Bélgica no es un partido más, es la revancha de un encuentro que permanece en la memoria colectiva congelado desde aquel 22 de junio de 1986. Aquella tarde en el Estadio Cuauhtémoc de Puebla, la Selección Española se topó de frente con su némesis, la frontera de los Cuartos de Final que, una vez más, se cerró de la forma más dolorosa posible.

La expedición española dirigida por Miguel Muñoz llegó a México con la vitola de legítima aspirante al título de Campeona del Mundo. No era una exageración de la prensa de la época ni mucho menos. España combinaba la veteranía con la irrupción del talento joven y tenía en sus filas una convocatoria de talla mundial. En la portería contábamos con Zubizarreta, un seguro bajo palos. Nuestro capitán y portador del brazalete era Camacho, histórico defensa del Real Madrid. Además, figuras como Gordillo, Chendo, Maceda, Tomás Reñones o Andoni Goikoetxea completaban la zaga. En la medular jugadores como Míchel o Señor manejaban la batuta, y otros como Gallego, Calderé o Víctor Muñoz aportaban el trabajo y el sacrificio. Dos jóvenes lideraban el ataque español, Emilio Butragueño y Julio Salinas, que por aquel entonces tenían 22 y 23 años respectivamente. Por si fuera poco Lobo Carrasco, Eloy Olaya y Poli Rincón completaban una delantera realmente poderosa. En definitiva, una delicia de selección.

El punto álgido de esa Copa del Mundo se alcanzó apenas unos días antes en Querétaro. Aquella noche, Emilio Butragueño firmó una actuación inolvidable tras anotarle cuatro goles a la Dinamarca de Michael Laudrup, Larsen y compañía. El 5-1 final desató una euforia desmedida en el país. España se sentía, por méritos y derecho propio, como una de las grandes favoritas para levantar el trofeo.

Sin embargo, el cruce contra Bélgica despertó a la selección del sueño de manera abrupta. Los diablos rojos, un bloque correoso que sabía manejar los tiempos del partido, se adelantaron en la primera mitad por medio de Jan Ceulemans. España masticó arena durante todo el encuentro, buscando un empate que no llegó hasta el minuto 85, gracias a un remate de Señor que mandó el partido a la prórroga.

Tras treinta minutos de desgaste físico, el marcador no se movió y el pase a las semifinales se tuvo que decidir desde los once metros, en la tanda de penaltis. En el segundo lanzamiento español, Jean-Marie Pfaff, guardameta belga, adivinó la intención de Eloy Olaya y detuvo el esférico. Los belgas no fallaron ni un solo tiro y Leo Van der Elst fue nuestro verdugo. El centrocampista, que apenas había jugado un cuarto de hora anotó el penalti definitivo que certificó así su pase a una Semifinal donde posteriormente caerían eliminados ante la Argentina del gran Diego Armando.

Para el joven delantero asturiano, aquel instante se convirtió en una losa que le acompañaría durante toda su carrera. Años después de aquella tarde en Puebla, el propio Eloy Olaya reflejó la magnitud de su error en unas duras declaraciones: "Mi amargura no se la deseo a nadie"; "El penalti contra Bélgica me persigue para siempre". El atacante reconoció haber sufrido enormemente, cargando con el peso de la eliminación y una culpa que el fútbol tarda décadas en enterrar. A pesar de ello, defiende que "Volvería a tirar aquel penalti; no puedes esconderte cuando tu selección te necesita".

El combinado nacional en su regreso a España fue muy aclamado por un pueblo que a pesar de sentir el dolor de la derrota, prefirió sacar su orgullo y reconocer el gran trabajo de los chicos. Eloy comentó que "Llegamos a España y el recibimiento fue impresionante. La gente estaba entregada a la Selección. Es que habíamos jugado bien y notamos que el país se había enganchado al equipo. Cantaban: Eloy, amigo, España está contigo. Fue emocionante". El genial guardameta belga Jean-Marie Pfaff, ensalzó a la Selección Española, "España era un gran equipo y parar un penalti en un Mundial ante una selección así fue algo muy especial. Así es el fútbol: es bonito, pero también duro. Recuerdo que pensé en Eloy, intenté imaginar la frustración que debía sentir. Eloy no es un perdedor por fallar ese penalti".

Curiosamente hoy 10 de julio es el cumpleaños de Eloy Olaya; y qué mejor regalo para él que el enfrentamiento entre España y Bélgica acabe con los fantasmas del pasado y consiga un pase para la Selección a las Semifinales del Mundial. Cuarenta años después, el fútbol nos brinda una segunda oportunidad. El partido de hoy vuelve a cruzar los caminos de dos selecciones que entienden el juego de manera muy distinta, ofreciendo a España la oportunidad de saldar, en parte, aquella vieja deuda contraída en el verano de 1986.

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