El fútbol, con su infinita capacidad para sorprendernos, nos devuelve una final que creíamos guardada en el desván de los recuerdos. La próxima cita en La Cartuja que enfrenta a Atlético de Madrid y Real Sociedad no es sólo una final de Copa, es una cuenta pendiente que se abrió el 27 de junio de 1987 bajo el cielo de Zaragoza. Aquella noche, el Atleti y la Real se citaron en La Romareda para escribir uno de los capítulos más agónicos en la historia de este torneo. Fue un duelo que trascendió lo táctico y que estuvo marcado por un calor sofocante que aumentó la tensión propia de una final de Copa del Rey.
Aquel encuentro comenzó con un tanto de López Ufarte, que adelantó a los donostiarras apenas cumplidos los diez minutos. Sin embargo, el Atlético de Madrid, fiel a su estilo, no bajó los brazos. Con Luis Aragonés a los mandos de la nave, los colchoneros empataron gracias a la picardía del charrúa Da Silva pocos minutos después. El 1-1 relucía en el marcador hasta que Txiki Begiristain devolvió la ventaja para los donostiarras cerca del descanso.

La final parecía que iba a caer del lado 'txuri-urdin' hasta que Rubio logró empatar en el 74' para mandar el encuentro a la prórroga. En aquella media hora ningún equipo consiguió dar la campanada y con los jugadores ya exhaustos, el colegiado Ramos Marcos pitó para dar paso a la tanda de penaltis.
En los lanzamientos desde los once metros hubo un claro protagonista que se erigió como héroe. El mito Luis Arconada, con su característica calma y serenidad, detuvo el tiempo y el penalti decisivo a Quique Ramos, regalando a San Sebastián una Copa que aún hoy se comenta entre abuelos, padres e hijos.
Casi cuatro décadas después el destino nos vuelve a regalar una final entre Atlético de Madrid y Real Sociedad, en un nuevo escenario y en diferente siglo. El club colchonero acude a Sevilla buscando su undécimo título en la que será su vigésima final. Su historial en la competición es envidiable, recordando especialmente sus años dorados en los 60 y 70, donde encadenó triunfos ante rivales directos. Por su parte, el orgullo 'txuri-urdin' persigue su cuarta corona. Tras el hito anteriormente mencionado en 1987, su reciente victoria de 2020 en el derbi vasco frente al Athletic confirmó que el equipo donostiarra conserva intacto ese gen competitivo y esa capacidad para manejar el peso de la historia cuando la Copa está en juego.

Hablar de este encuentro es invocar una época donde las alineaciones se recitaban de memoria con los dorsales del uno al once. En 1987, John Toshack y Luis Aragonés protagonizaron un ajedrez táctico entre la pizarra británica y la inteligencia del 'Sabio de Hortaleza'. En esta ocasión, el fútbol nos concede el privilegio de cerrar aquel círculo que quedó abierto en tierras aragonesas. Sevilla no sólo será el escenario de una final, sino el lugar donde el fútbol se encargue de poner punto y final a una espera que ha durado casi cuatro décadas.
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